martes, 16 de diciembre de 2014

Médicos Radiólogos

La aparición de la radiología a principios del siglo XX revolucionó la medicina. Setenta años más tarde comenzaron a aparecer, gracias a las computadores, nuevas técnicas (ecografía, tomografía computada, resonancia magnética, imágenes moleculares) que potenciaron el rol de la especialidad en la práctica médica. Otros adelantos introdujeron a la especialidad en el campo del tratamiento mínimamente invasivo.
El área de acción de la radiología (que ya ha debido cambiar su nombre a “imagenología”) se ha expandido en forma exponencial, desde el feto a los ancianos, desde la próstata a la hipófisis y desde las demencias hasta las displasias óseas. Su rol es cada vez más central y protagónico. Sus hallazgos determinan en muchas ocasiones la toma de decisiones en el manejo del paciente.
Estamos atravesando este cambio de paradigma, y debemos dirigirlo. Este cambio se produce en tres áreas: en nuestra práctica médica, en la relación con nuestros colegas de otras especialidades y en nuestra relación con los pacientes.

Debemos dirigir el cambio en nuestra práctica médica hacia nuevas aptitudes y nuevas actitudes. El amplio crecimiento en las áreas de acción de la especialidad hace imposible para una sola persona dominar todos los conocimientos. Esto debe hacernos rediseñar los programas de formación y entrenamiento hacia la subespecialización. Esta subespecialización debe basarse en los sistemas corporales o grupos de enfermedades y no en el equipamiento técnico. Este será el camino, además, para conseguir un mayor acercamiento a nuestros colegas especialistas. El nuevo radiólogo debe, además adquirir más formación clínica para conocer en profundidad no solo las características imagenológicas de las entidades patológicas de su área de interés sino también las etiologías, características anatomopatológicas, otros métodos diagnósticos, opciones terapéuticas y pronóstico.
Debemos cambiar la percepción que tienen de nuestra especialidad y de nosotros. Este requiere de nosotros una mayor presencia en sus ámbitos: ateneos, publicaciones, congresos, etc. Hacerles conocer nuestros nuevos programas de entrenamiento y nuestras aptitudes no sólo como “diagnosticadores” sino también como médicos con formación clínica facilitará este cambio. Nos permitirá discutir de igual a igual acerca de la problemática de nuestros (dije “nuestros”) pacientes. Ellos necesitan esto de nosotros.
También debemos producir un cambio frente al paciente. Salvo aquellos que se dedican a las prácticas en las cuales el médico tiene contacto directo con el paciente (intervencionismo, ecografía, la casi ya desaparecida radiología digestiva) la mayoría el radiólogo no se encuentra con el paciente. Vemos su nódulo pulmonar o sus microcalcificaciones mamarias, pero no lo vemos a él. No sólo el paciente es invisible para nosotros sino que también nosotros somos invisibles para él. La mayoría de las veces el paciente no sabe quién es el que le hace el estudio, quién es el que lo interpreta y realiza el informe, quién es el que eventualmente dialoga con el médico que lo prescribió para discutir sus opciones terapéuticas o el impacto que tiene en su curación o mejoría el rol del radiólogo. Acostumbramos a ver al paciente como perteneciente al médico derivador. Debemos asumir nuestro rol de médicos y compartir esa “propiedad”. De hecho, nosotros somos su médico mientras el paciente está en nuestro servicio o en nuestra institución, y debemos acercarnos a él como tales. Muchas veces, para el paciente someterse a un examen por imágenes significa algo misterioso, atemorizante e incluso una intrusión dolorosa a su intimidad. Debemos acompañarlo en ese momento.
Muchas encuestas demuestran que cuando el paciente conoce el verdadero rol del radiólogo prefiere que sea éste quien le informe de los resultados de sus estudios. Incluso el médico derivador prefiere que sea el radiólogo y no él quien asuma esta responsabilidad. Además, debemos estar preparados también para poder ofrecerle las opciones terapéuticas y poder discutir con él las ventajas de cada uno de ellos y ayudarlo a tomar su decisión..
Casi nunca el paciente elige a su radiólogo. En general lo hace el médico prescriptor o su cobertura médica. Si permitimos que nos conozca, que conozca nuestro rol en el equipo de salud, nuestras aptitudes, nuestra capacidad para poder discutir con él su enfermedad y sus opciones terapéuticas, le daremos la oportunidad de elegir.
Este contacto estrecho con el paciente mejorará la percepción de la opinión pública de nuestro rol como médicos. Tengamos en cuenta, además, que la posición de nuestra especialidad en los distintos estamentos (incluso políticos y económicos) va a depender en gran medida de este reconocimiento de la opinión pública del radiólogo como médico.

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